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Mira a lo lejos

MIRA A LO LEJOS… y otras cualidades y atributos para hacer frente a lo que está pasando

Tanto en el mundo de la empresa como en el de las familias y las personas, en estos días se viven con intensidad y preocupación los problemas y las consecuencias que trae aparejado el actual estado de la pandemia.

Con raras excepciones,  en ambos planos -laboral y personal- ha aumentado el estrés y la ansiedad. Las previsiones de futuro pueden ser alarmantes y la necesidad de encontrar soluciones y caminos que reduzcan la inseguridad está constantemente en la mente de mucha gente. ¿Qué vamos a hacer? y ¿Cómo lo vamos a lograr? Son preguntas con las que mucha personas se despiertan, y se duermen, cada día.

Este artículo está dirigido aquellos que trabajan y que ocupan responsabilidades importantes en sus organizaciones, entendiendo que están comprometidos con el futuro de su empresa, por cuanto su sobrevivencia implica también, muy probablemente, la suya propia.

Pero lo que parece importante para un directivo responsable de una organización o de una área de trabajo, lo es también para cualquier persona, sea cual sea su circunstancia, al menos por lo que se refiere a las actitudes y enfoques que mejor le pueden ayudar a enfrentar el momento presente y de eso trata este artículo.

 

No hay que confundir nunca el conocimiento con la sabiduría. El primero nos sirve para ganarnos la vida; la sabiduría nos ayuda a vivir.

Por ello no hablaremos aquí de conocimientos o de competencias, que tienen un sentido demasiado operacional o funcional; en todo caso podríamos quizás hablar de “metacompetencias” personales, es decir, algo menos cercano a un puesto o función  y más próximo a los talentos no especializados, más ligados a las actitudes y reacciones personales. Tal vez sería mejor decir: a la sabiduría.

El talento puede transformar al mundo, pero la sabiduría lo hará un lugar más habitable

Difícilmente tendremos nosotros la ocasión de solucionar el presente inventando realmente cosas nuevas, de ser plenamente originales. Pero sí deberemos encontrar “qué y cómo lo hacemos ahora”, en una situación muy poco frecuente que requerirá de soluciones adaptativas que puedan influir en el entorno del que formamos parte. A esto le llamamos sabiduría, algo más cercano a nosotros que los talentos y genialidades únicas que van apareciendo y de quienes debemos aprender, pero difícilmente equiparar (Steve Jobs, Bill Gates, Jeff Bezos…). De joven, algunos pueden ser genios, pero algo más mayores, bastantes pueden actuar con sabiduría. Miguel Ángel pintó la Capilla Sixtina a los 30, pero construyó la catedral de San Pedro a los 60.

Mira a lo lejos

Cuando el sabio señala la luna, el necio mira al dedo (atribuido a Confucio)

Enfócate en el futuro. No le des vueltas constantemente a tu situación actual. Por mucho que te preocupe el presente, sal un poco de ti mismo. Quien se preocupa demasiado no se relaja, se estresa. No te obsesiones con tus problemas inmediatos, porque quedarás atrapado en un discurso circular, sin solución. No tengas demasiada autocompasión, ni te lamentes en exceso. Haz que tu mente viaje, mira al horizonte.

Victor Frankl escribió su libro más conocido “En busca del sentido” con base a su experiencia en el campo de concentración donde estuvo de 1942 a 1945.  Esa experiencia le hizo preguntarse la razón por la cual algunos sobrevivieron mas allá del exterminio nazi y otros terminaron muriendo,. Frankl concluyó que una razón importante para sobrevivir es tener un logro pendiente que cumplir, algo que lograr. Un libro que escribir, un proyecto que realizar. Simplemente, no te puedes morir todavía.

Y para concluir con otra historia, recordemos una fábula de Esopo:

El sabio se paseaba alrededor de un grupo de picapedreros que estaban trabajando  ¿Qué estás haciendo? preguntó a uno de ellos. “Ya lo ves tú mismo” contestó el primero. “Estoy picando piedras”. No le satisfizo la respuesta y le preguntó a un segundo. “Trabajo para ganar el pan para mi mujer y mis hijos”. Más animado, repitió la pregunta a un tercero quien contestó “Yo… yo estoy construyendo un templo”. Tal vez parezca exagerado, pero es que Esopo trataba de ilustrar una fábula moral.

En todos los casos, de la miseria de un presente corto de vista a una mirada más allá, a lo lejos.

HACER Y NO PADECER

La visión sin acción es un sueño. La acción sin visión es perder el tiempo. La acción con visión crea el progreso.

Y el progreso nos llevará a construir mundos nuevos. Organizacionales y personales.

No hace falta tener todo previsto, todo planificado para pasar a actuar. En las circunstancias actuales no es posible. Solo en un mundo estable, seguro y sin cambios, se dan organizaciones acabadas y se puede actuar conforme a un programa cerrado de trabajo.

Está bien hacer planes, proyectos. Hablar con los colegas y colaboradores, buscar mejoras e ideas. Pero es en la acción donde se prueban. Y sobre todo, donde surgen nuevas posibilidades.

Hoy por hoy hay que comenzar y recomenzar cuantas veces haga falta. Al andar se hace camino. Un pintor no tiene acabado todo el cuadro en su mente. Colores y figuras van apareciendo a partir de la primera pincelada en el lienzo en blanco. Un novelista no tiene todo el guion decidido. A partir de la visión, a medida que se pone a escribir va surgiendo la historia.

En el momento de incertidumbre actual, hay que partir de cualquier modo. Dejar atrás las quejas, lamentaciones y la parálisis.  Ya llegará el momento de decidir por donde iremos. Habrá retrocesos, correcciones, nuevas ideas y proyectos, pero si no se comienza no se llegará a ninguna parte.

El miedo ante la crisis no deben paralizarnos. Un pianista nervioso se muere de miedo antes del concierto. Pero se le quita en cuanto se pone a tocar.

Así que no es el pensamiento el que nos libera, es la acción. No pienses tanto: ocúpate.

NO RENDIRSE JAMÁS

Si tú crees que puedes, puedes.

Adaptarse a las situaciones adversas y superar las circunstancias traumáticas no es solo una capacidad, sino esencialmente una cuestión de actitud. Si algo se supera, se sale fortalecido. “Lo que no me mata me hace más fuerte” es un conocido aforisma de Nietzsche.

Entre quienes más dramáticamente han expresado esta idea, destaca Winston Churchill, en su famoso discurso del 4 de junio de 1940 en plena segunda guerra mundial: “…lucharemos en las playas, lucharemos en los campos y en las calles … lucharemos en las colinas, ¡no nos rendiremos jamás! “.  Discurso que emocionó profundamente a su pueblo.

La historia tiene un buen número de ejemplos de personajes que han resistido, se han mantenido firmes y han superado las dificultades. Nelson Mandela, encarcelado en Sudáfrica durante 27 años para finamente lograr erradicar el apartheid y llegar a ser presidente de su país. Y como ésta, hay cien historias más.

Aunque estos son ejemplos relevantes no es necesario pasar a la historia. Miles de hombres y mujeres comunes se han enfrentado y se enfrentan todos los días a sus circunstancias difíciles. Madres y padres que sacan adelante su familia y hogar, jóvenes inmigrantes que en otras tierras consiguen sobrevivir y superarse ¿Qué tienen en común estas personas?

Estamos hablando de lo que modernamente se conoce como “Resiliencia” : la capacidad de los seres vivos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones desfavorables.

Entre las varias características que se han estudio de las personas resilientes, destacaremos unas cuantas:

  • Conscientes de sus limitaciones, pero usan sus potencialidades
  • Ven las dificultades como una oportunidad para aprender
  • Son objetivos pero toman la vida con humor y a través de un prisma optimista
  • No intentan controlar las situaciones, pero si sus emociones
  • Son persistentes en sus propósitos, perseveran por lo que se proponen a pesar de los fracasos
  • Buscan y consiguen ayuda y apoyo de otros

Pero para eso, es necesario convencerse internamente de una verdad que expresa puntualmente el gran poeta norteamericano Robert Frost:

“En tres palabras puedo resumir lo que he aprendido de la vida; continua hacia delante”.

CREA REDES DE APOYO

Tenemos que ir todos juntos en este viaje. O salimos juntos o no salimos

Nadie puede salir de la crisis solo. “Luché hasta donde pude, pero tuve que cerrar mi negocio, no aguanté sola. Esto nada más se puede resolver entre todos, dándonos la mano, entre amigos, familias y países”. Es el testimonio de una mujer recientemente publicado en un periódico. Seguramente es la sensación de muchos, en sus empresas, en su trabajo, en su comunidad o familia. La comunicación y el apoyo mutuo es una necesidad.

Ello implica cambios en el modelo y la práctica de las relaciones y la comunicación.

En la empresa, un jefe o un líder no puede seguir relacionándose de la misma manera. Es verdad que tiene que mantenerse un funcionamiento eficaz, pero más allá de la comunicación formal, es decir, de rol a rol, de acuerdo a la función o responsabilidad que se desempeña, hay que incrementar las relaciones persona a persona. Es allí donde la cooperación debe manifestarse.

Ernest Shackleton, el explorador inglés en su viaje al Polo Sur, perdió su barco y tuvo que pasar más de dos años en el hielo de la Antártida, con su grupo de 22 personas, a las que logró salvar sin ni una pérdida. Su grupo relata que él, personalmente, les hacía el te cada mañana, les distribuyó los mejores sacos de dormir, a muchos de ello les dio sus propios guantes, que en todo momento animó y rebajó conflictos y tensiones. Es decir, no se trata de una relación de jefe a subordinado o colaborador, sino de una relación que va más allá, de persona a persona. Indispensable en una situación de peligro. Te recordamos nuestro anterior artículo en que tratábamos más a profundidad este tema.

Sea cual sea tu posición o responsabilidad familiar o laboral, trata de generar redes de apoyo:

  • Personas con las que se mantiene un contacto frecuente y un vínculo social cercano, que sean emocionalmente significativas, que proporcionen apoyo y consejo, con las que se compartan objetivos, valores y códigos de comunicación. Con las que se sumen esfuerzos, se generen sinergias, se desarrollen interacciones y se establezcan lazos de cooperación.
  • En el trabajo aumenta la comunicación con tus compañeros y colaboradores, con tus clientes y proveedores, pon a discusión todo lo que haga falta, entiende las inquietudes, comparte los problemas y sé activo y propositivo.
  • Fomenta la conciencia de que estamos juntos en esto.

Sin la comunicación viajamos solos. Comunicándonos y compartiendo, viajamos con otros. Y nadie es tan bueno como todos nosotros juntos.

MANTENTE APRENDIENDO

Lo que cuenta es lo que aprendes después de saberlo.

Es conocida  la frase que afirma que cuando el paradigma cambia, todos comenzamos de cero. Tal vez no se aplica totalmente a la situación actual, pero es verdad que estamos en medio de un cambio brusco, del que no tenemos antecedentes y por lo tanto no nos sirve del todo lo que sabíamos antes. Díganselo, si no, a las autoridades sanitarias a las que se acusa de errores, pero a las que poco le sirvieron sus experiencias anteriores y que han tenido que aprender a marchas forzadas.

La habilidad para aprender de lo nuevo es determinante. Y a ella se opone la autosatisfacción arrogante y la autosuficiencia.

Así que:

  • Olvídate de tus logros anteriores y supera tu éxito pasado. Éste no te mantendrá por si mismo en estos momentos.
  • Deshazte de tu orgullo. No lo sabemos todo para enfrentar la crisis. Aprender requiere una dosis de humildad.
  • El que no se equivoca no progresa. Equivócate pero aprende. No persistas en el error. No lo cometas dos veces. Y aprende de lo que te enseñó.
  • Observa como reaccionas es las circunstancias actuales. No te defiendas, pide opiniones confiables. Si te enfadas, necesitas mejorar tu habilidad para aprender.
  • Intenta cosas nuevas. Prueba algo distinto. Incorpora nuevos retos a tu vida. Y aprende de la experiencia resultante.
  • Usa tus áreas fuertes. Y trata de aplicarlas en nuevas situaciones.
  • Aunque seas un veterano, los partidos ganados ayer no te garantizan ganar el de mañana. Para eso hay que estar dispuesto a aprender hoy.

Terminemos con Sócrates:

Según cuenta Cioran o tal vez  Ítalo Calvino (las dos versiones están en la red), Sócrates, la noche antes de morir condenado a beber la cicuta, dedicó una buena parte del tiempo a aprender a tocar una complicada melodía en flauta. Sus discípulos, que le rodeaban, protestaban. “¿Pero para qué haces esto ahora?”.  Y se dice que Sócrates contestó. “ Pues para aprender algo más antes de morir”.

 

El título y algunas ideas están tomadas del filósofo francés Alain (1868-1951) en su libro “Mira a lo lejos. 66 escritos sobre la felicidad”. Es una pequeña joya. Si lo puedes encontrar no te lo pierdas. No te arrepentirás.

 

Artículo redactado por Antonio Cantó. Consultor de Intermanagement Group

Septiembre 2020

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